El dia en el que todo se volvió confuso y a la vez claro.
Un tierno día, él, iba paseando volviendo a casa.
Caminaba pues bajo los timidos rayos del sol, sobre la superficie lunar de algún planeta lejano, -o quizás más próximo de lo que todos pensamos, si es que acaso pensamos algo realmente-
sobre el mismo prado inmenso, el de las mismas flores grises de siempre, las había mirado mucho, pero todavía le gustaban
Allá por donde caminaba, había pozos, bueno, él los solía llamar cráteres.
Emergió de pronto un cráter especialmente profundo, y se tropezó.
Calló de bruces al suelo, con tan buena fortuna que encontró algo.
Algo nuevo, diferente.
Era una flor, azul y negra, pero sobretodo azul.Aparentemente, no era nada demasiado especial, pero tengo que seguir el relato de alguna forma.
Se quedó un rato mirando la flor, tumbado, literalmente, sobre una nube que acababa de aparecer.
Quedó prendado de la flor, asique decidió, en una ataque de locura, llevarla a su casa.Y cuidarla.
Así pues, bajó de la nube y comenzó a comer una piruleta, rojo sangre.
Cogió la flor, su flor, delicadamente, con mucho cuidado de no hacerle daño, ni de estropearle ninguna de sus partes de flor delicada que tenía
Y se fue a su casa.Y se terminó la piruleta. Mordisqueó un trocito de cielo, y así, pasito a pasito, llego a su morada.
Una vez allí, cogió un bonito jarrón tailandés, labrado a mano que tenía guardado para alguna ocasión especial, -sin saber cual era esa ocasión- lo rellenó de agua tibia, color azul, y metió su adorada florecilla.
Pasaron las horas como si segundos fueran.
Y cayó la noche
Desapareció la luz, los pájaros empezaron a entonar sus seductores cantos, y él, subió a dormir, como cada noche tenía por rara costumbre hacer.
Abrió de par en par la ventana, y se metió a la cama.
Un ruido le despertó, o quizás no fue un ruido.
Una intuición le despertó, o quizás fuera un ruido.
Pensó en su flor, y bajó a contemplarla.
Entonces,- o quizás no fuera entonces- fue cuando decidió, que esa criaturilla, la flor, le inspiraba vida.
Había necesitado apenas un segundo para comprenderlo.
Un tierno día, él, iba paseando volviendo a casa.
Caminaba pues bajo los timidos rayos del sol, sobre la superficie lunar de algún planeta lejano, -o quizás más próximo de lo que todos pensamos, si es que acaso pensamos algo realmente-
sobre el mismo prado inmenso, el de las mismas flores grises de siempre, las había mirado mucho, pero todavía le gustaban
Allá por donde caminaba, había pozos, bueno, él los solía llamar cráteres.
Emergió de pronto un cráter especialmente profundo, y se tropezó.
Calló de bruces al suelo, con tan buena fortuna que encontró algo.
Algo nuevo, diferente.
Era una flor, azul y negra, pero sobretodo azul.Aparentemente, no era nada demasiado especial, pero tengo que seguir el relato de alguna forma.
Se quedó un rato mirando la flor, tumbado, literalmente, sobre una nube que acababa de aparecer.
Quedó prendado de la flor, asique decidió, en una ataque de locura, llevarla a su casa.Y cuidarla.
Así pues, bajó de la nube y comenzó a comer una piruleta, rojo sangre.
Cogió la flor, su flor, delicadamente, con mucho cuidado de no hacerle daño, ni de estropearle ninguna de sus partes de flor delicada que tenía
Y se fue a su casa.Y se terminó la piruleta. Mordisqueó un trocito de cielo, y así, pasito a pasito, llego a su morada.
Una vez allí, cogió un bonito jarrón tailandés, labrado a mano que tenía guardado para alguna ocasión especial, -sin saber cual era esa ocasión- lo rellenó de agua tibia, color azul, y metió su adorada florecilla.
Pasaron las horas como si segundos fueran.
Y cayó la noche
Desapareció la luz, los pájaros empezaron a entonar sus seductores cantos, y él, subió a dormir, como cada noche tenía por rara costumbre hacer.
Abrió de par en par la ventana, y se metió a la cama.
Un ruido le despertó, o quizás no fue un ruido.
Una intuición le despertó, o quizás fuera un ruido.
Pensó en su flor, y bajó a contemplarla.
Entonces,- o quizás no fuera entonces- fue cuando decidió, que esa criaturilla, la flor, le inspiraba vida.
Había necesitado apenas un segundo para comprenderlo.
Había clareado y había vuelto a oscurecer.Ahora estaba todo claro, y cubierto de escarcha.
Llegó a su destino, y comprobó que la flor no estaba allí, donde debía estar, donde él la había dejado.
Entonces, sufrió una rápida e indolora muerte psicológica.
Llegó a su destino, y comprobó que la flor no estaba allí, donde debía estar, donde él la había dejado.
Entonces, sufrió una rápida e indolora muerte psicológica.
Silencio.
Poco después, sintió una presencia, y respiraciones.
Supo que era su flor.
Se dio la vuelta cargado con toda la esperanza que su cuerpo le permitía mantener, y todo cobró el correspondiente sentido.
Apareció en una pantalla, una cascada de color azul, y avellana.
“Dedicaré toda mi vida a hacerte feliz”
Y en ese momento, yo nací.
Supo que era su flor.
Se dio la vuelta cargado con toda la esperanza que su cuerpo le permitía mantener, y todo cobró el correspondiente sentido.
Apareció en una pantalla, una cascada de color azul, y avellana.
“Dedicaré toda mi vida a hacerte feliz”
Y en ese momento, yo nací.
Lau Peppery Mallow
Sol de Invierno
fantástica narración fántastica. :)
ResponderEliminarLau Peppery Mallow? que nombre es ese por dios?? maldigo a quien lo creara...
ResponderEliminararco iris
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