Erase una vez, un día indeterminado, de un año indeterminado, de un planeta indeterminado, de una galaxia… indeterminada, en un Bonito Lugar, como no podía ser de otra manera,
determinado.
Llovía, pero a la vez de eso, si se miraba con atención, se podía divisar una cortinilla de agua cayendo, formada por millones de minúsculas gotitas de agua, cristalinas como puro cristal.
Entonces, algo ocurrió, nadie sabe muy bien el qué, ni cómo, porque evidentemente, Nadie había estado allí para hacerlo, ni para verlo.
Es muy difícil conocer los acontecimientos, sobre todo cuando Nadie está allí (en el Lugar Determinado) para presenciarlos.
Por lo tanto, es mucho más difícil aun, que Alguien pueda llegar a conocer realmente lo que pasa en dicho Lugar.
Situémonos pues, en el momento descrito al principio. Bonito Lugar Determinado.
Nadie paseaba tranquilamente por allí, iba y venía, además de eso venía, y también iba.
La brisa marina del monte le acariciaba sus inexistentes mejillas y le hacía sonreír, como si de verdad fuera Alguien el que soplaba desde lejos, queriendo decirle que no se habían olvidado mutuamente.
Nadie descansaba y se volvía a cansar, se paraba y contemplaba lo incontemplable.
Porque Nadie podía ver pasar el Tiempo. Sabía cuál era su funcionamiento, y sabía que podía pararlo cuando quisiera, o al menos, eso pensaba.

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